Ricardo Aguilar

Ricardo Aguilar nació en la Ciudad de México y emigró a San Juan del Río, Querétaro en la edad de la punzada; la mera adolescencia. Terminando sus estudios de preparatoria se movió a la capital del estado y entró a estudiar gastronomía por mera intuición. Es de esos cocineros que se van haciendo con el tiempo y las experiencias, más que por iniciativa propia.

Cuando terminó sus estudios el buen Ricardo tuvo a bien dar el rol durante un año por diferentes rincones del país y después se adentró en el mundo de la docencia culinaria en San Juan del Río; de ahí se fue a Chile un rato y justo estando en este país fue donde todo cambió. Al volver a México, Ricardo fundó Dongu junto a Juan Limón, ex compañero universitario, y desde entonces los dos han estado trabajando en instituir el tema de las cenas escondidas en la capital queretana. Dongu significa ‘casa vieja‘ en otomí y después de un año de servicio en hogares ajenos, tuvieron a bien abrir un pequeño local en el centro, en donde sirven cocina tradicional mexicana. 150% recomendable.

Foodie: ¿Oye Ricardo, cuándo supiste que querías ser cocinero?

Ricardo: La neta, hasta hace unos dos años. Yo no quería estar en una oficina; estaba entre biólogo marino, arqueólogo o algo relacionado a las letras. La cocina se me hizo fácil, pero qué chingados, ya que me gradué me di cuenta de lo difícil que es la vida de cocinero. Sobre todo por la parte económica. Estando en Chile fue que me percaté de lo mucho que me gustaba pero que no quería trabajar en un restaurante. Así nació lo de las cenas escondidas. Ya que nos clavamos con la cocina mexicana le encontré sentido a todo.

Foodie: Jaja, muchos hemos pasado por esa frustración, pero a ver, cuéntanos, ¿tienes algún ritual antes de cocinar?

Ricardo: No como tal, esto de las cenas escondidas me cambió la perspectiva. Ahora todo lo que hago lo hago pensando en comida. Como cambiamos de menú cada semana y es 100% mexicano, nos la pasamos pensando en eso todo el día, todos los días. Para las cenas tenemos que estudiar a detalle lo que preparamos para así poderles contar a los comensales todo lo que necesitan saber sobre lo que están a punto de comer.

Foodie: Suena a una gran experiencia. ¿Hay algún platillo que haya cambiado la vida de Ricardo de alguna manera?

Ricardo: Sí, la neta sí. Un caldo de hongos que probé en San José del Pacífico, Oaxaca. No hay que hacer por allá, en aquel tiempo yo traía varios pedos en mi cabeza y me fui solo. Un día salí a caminar y en el trayecto conocí a una doñita, le conté que era cocinero y me invitó a recolectar hongos con ella. Por la noche fui a su restaurante, Rayito de Sol creo que se llamaba. Ya estando ahí la señora me sirvió un caldito con los hongos que habíamos recolectado, lo probé y me puse a llorar; como que me curé. Hasta se me pone la piel chinita nomás de acordarme.

Leave a Comment

Your email address will not be published.