Benito, el maíz más tolerante del mundo

Érase una vez, en uno de los miles de rincones mágicos de México, un pequeño elote llamado Benito. Benito -o Beni, como se le conocía en las calles- era el menor de 2 hijos, ambos producto de un matrimonio de maíz palomero de Jalisco.

Elotisa y Luíz habían dejado su natal Jalisco hace un tiempo para proteger a su familia debido a ataques en los cultivos y discrepancias raciales entre ellos y un grupo de radicales de maíz apachito de Chihuahua. Los puristas chihuahuenses no soportaban el exceso de color en los granos de los palomeros jaliscienses, y otras tantas variedades. Tras una serie desafortunada de eventos, cientos de familias de esta planta buscaron refugio en distintas partes del país.

Ya en su nuevo hogar, Elotisa y Luíz se encargaron de darle a sus hijos la mejor educación e inculcarles uno que otro valor que desgraciadamente a nosotros a veces se nos olvida. La escuela a la que Benito asistía organizaba un campamento anual para los mejores promedios de la generación. En una ocasión, cuando Beni cursaba el 4to año de primaria, el muchacho tuvo a bien formar parte de ese selecto grupo de maíces campistas y emprendieron la aventura rumbo a Michoacán, tierra natal del maíz mushito.

En el campamento había maíces de todos colores, tamaños y formas; uruapeños, chapalotes, olotones, serranos, y otros más. Del último autobús en llegar a territorio michoacano bajó una mazorca larguirucha y flaca, de los apachitos de Chihuahua. Su nombre era Jacinto y sí, sus antepasados eran aquellos que años atrás, gracias a desatinadas diferencias, se habían encargado de sembrar el terror en la sociedad maicera del territorio nacional.

Era el único chihuahuense en el perímetro. Conforme fueron pasando los días y como era de imaginarse, Jacinto pasaba la mayor parte del tiempo en soledad. Los demás maíces se mostraban incómodos con su presencia y preferían hacerlo a un lado, como si no existiera.

A pesar de su corta edad y a diferencia de sus antecesores, Jacinto era un incrédulo de la violencia y las desigualdades. Creía fervientemente en la equidad, que México es maíz y que debía existir el respeto hacia los demás sin importar tierra, color, crianza, o cualquier otro factor que los pudiera catalogar como diferentes. Pensamientos fuera de la caja. Así fue como una noche, envalentonado tras recordar los consejos de su padre Luíz, Beni se acercó a Jacinto para invitarlo al círculo trovador maicero que rodeaba la fogata. Si a Jacinto le costó trabajo unirse, los demás maíces triplicaron el esfuerzo para aceptar al chihuahuense en la tertulia. Lo curioso es que después de dos canciones, un par de chistes y una reta de fut, Jacinto era uno más de la cuadrilla.

Existen 64 razas de maíz en México y más de 200 en el continente latinoamericano, gracias a su nobleza, el maíz se siembra y se da perfectamente bien en diferentes suelos y climas; es maíz y es uno mismo. Nosotros, además de nobleza desarrollamos una conciencia, deberíamos, por un momento, usarla para entender y predicar los conceptos de paz, equidad, tolerancia y buena onda.

Ilustración: Renata Martínez Fonseca

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